«Mil cortes en las hojas del árbol del mal equivalen a uno solo en las raíces». Sólo podemos lograr una mejora considerable en nuestras vidas cuando dejamos de cortar las hojas de la actitud y la conducta y trabajamos sobre la raíz, sobre los paradigmas de los que fluyen la actitud y la conducta. (Thoreau)

domingo

El libre albedrío del hombre para ir a Cristo Jesús

Perfección humana y el toque divino

La discapacidad física a la que he tenido que enfrentarme, después de un segundo intento fallido del hombre perverso por aniquilar mi cuerpo, he aprendido a valorar cada movimiento realizado por aquellos nervios motores y vegetativos que después de quedar atrofiados, han ido recuperándose paulatinamente. Es entonces cuando por fin me doy cuenta de la perfección que hubo en mi formación, de cómo fui entretejido en el vientre de mi madre, de los pequeños detalles que hacen que realice movimientos con tanta pericia y fineza, que jamás un androide humano o robot podrá tener, sin mencionar la habilidad de raciocinio y toda esa gama compleja de emociones que nos caracteriza como procedentes de una mente maestra, dotada de genialidades y belleza artística y lo más notable, Su sello de AMOR, Su propia naturaleza patentada, que posteriormente fue atrofiada por la maldad y Adán nuestro tronco común quien fue hecho a imagen y semejanza de su creador, se corrompió, siendo necesaria la venida del segundo Adán “Cristo” para que llegara a ser nuestro tronco común al nacer de nuevo. Él es la resurrección y la vida. Esa vid verdadera, que al estar separados de Él nada podemos hacer. Debemos ir a Él.


"Venir a Cristo" es una frase muy común en el nuevo testamento de la Biblia. Se usa para describir esas acciones del alma por las que, abandonando de inmediato los pecados y su justicia propia, el hombre vuela hacia el Señor Jesucristo para recibir Su justicia, revestirse con ella y Su sangre para que sea su expiación. Venir a Cristo, entonces, encierra el arrepentimiento, la negación de uno mismo y la fe en el Señor Jesucristo. Incluye en sí todas esas cosas que son el acompañamiento necesario de estos grandiosos estados del corazón, tales como la creencia en la verdad, la diligencia en la oración a Dios, la sumisión del alma a los mandamientos del evangelio de Dios y todas esas cosas que acompañan el amanecer de la salvación en el alma. ¡Que pesada carga!, dice el hombre que anda en busca de libertad, cuando su naturaleza no lo deja avanzar.

La naturaleza humana no puede ser cambiada por un humano

Veamos a una madre con su bebé en brazos. Le damos un cuchillo y le decimos que le dé al bebé una puñalada en el corazón. Ella responde, en verdad, de todo corazón: "No puedo." Ahora, en lo que se refiere a su poder físico, ella podría si quisiera. Tiene un cuchillo y tiene al niño. El pequeño está indefenso y la madre tiene la suficiente fuerza en su mano para darle una puñalada. Pero tiene mucha razón cuando dice que no puede hacerlo. Es muy posible, como un simple acto de su mente, que la madre piense en matar a su hijo y sin embargo ella dice que no puede pensar en tal cosa. Y no miente cuando lo dice, porque su naturaleza de madre no le permite hacer algo frente a lo cual su alma se rebela. Simplemente debido a que es la madre del niño, siente que no puede matarlo. Sucede lo mismo con el pecador.

Ven a una oveja, ¡observen con qué entusiasmo come de su pasto! Nunca se han enterado de una oveja que busque la carroña, no podría vivir del alimento que corresponde a los leones. Si traemos un lobo y alguien pregunta si puede alimentarse de hierba, si puede ser tan dócil y domesticado como la oveja. La respuesta es que no, pues su naturaleza va en contra de todo eso. Si consideramos: "Bien, tiene orejas y patas. ¿Acaso no puede oír la voz del pastor y seguirlo a donde quiera que vaya?" La respuesta es: Si. No hay ninguna causa física por la que no pueda hacerlo, pero su naturaleza se lo impide, y por lo tanto no puede hacerlo. ¿Acaso no puede ser domesticado? ¿No puede desaparecer su naturaleza feroz? Probablemente pueda someterse de tal manera que puede llegar a parecer manso, pero siempre habrá una marcada diferencia entre el lobo y la oveja, ya que hay una distinción en sus naturalezas.

La incapacidad del hombre para ir a Cristo no es física

Si para venir a Cristo, mover el cuerpo o caminar con los pies puede ser de ayuda, ciertamente el hombre tiene todo el poder físico para venir a Él en ese sentido. Una vez un religioso necio declaró que no creía que ningún hombre tenía el poder de caminar a una congregación cristiana si el Padre no le llevara. Ese hombre era verdaderamente un tonto, porque debió haber visto que mientras un hombre tenga vida y piernas le resulta lo mismo de fácil caminar a la congregación cristiana que a la congregación de paganos. Si venir a Cristo incluye decir una oración, el hombre no tiene defecto físico sobre este particular. Si no es mudo, puede decir una oración tan fácilmente como decir una blasfemia. Es tan fácil que un hombre cante uno de los cantos cristianos como que cante una canción profana teñida de lujuria. No hace falta el poder físico para venir a Cristo. El hombre tiene todo el poder corporal que se necesita. Y cualquier parte de la salvación que consista en eso, está entera y totalmente al alcance del hombre, sin necesidad de ninguna ayuda del Espíritu de Dios.

La incapacidad del hombre para ir a Cristo no es mental

No reside esta incapacidad en ninguna deficiencia mental. Puedo creer que la Biblia es verdadera con la misma facilidad que puedo creer que cualquier otro libro es verdadero. En la medida en que creer en Cristo no sea más que un acto de la mente, soy tan capaz de creer en Él como lo soy de creer en cualquier otra persona. Si Sus afirmaciones son verdaderas sería una pérdida de tiempo que me digan que no puedo creerlas. Puedo creer lo que Cristo afirma de la misma manera que puedo creer lo que afirme cualquier otra persona. No hay ninguna falta de capacidad en la mente, es capaz de apreciar como un concepto intelectual la culpa del pecado, de la misma manera que es capaz de entender la culpa que implica un asesinato. Es posible que yo desarrolle la idea mental de buscar a Dios, de la misma manera que puedo ejercitar el pensamiento de la ambición.

Tengo toda la fortaleza mental y el poder que se puede necesitar en la medida en que el poder mental sea necesario para la salvación. No, no hay ningún hombre tan ignorante que pueda argumentar su falta de intelecto como una excusa válida para rechazar el evangelio. Entonces, el defecto no está ni en el cuerpo, ni en lo que debemos llamar en el sentido teológico: la mente. No existe ni insuficiencia ni deficiencia en ella, aunque ciertamente es su depravación, corrupción o su ruina, lo que después de todo, conforma la esencia misma de la incapacidad del hombre.


Ahora, la razón de por qué el hombre no puede venir a Cristo no es porque no pueda venir por alguna razón relacionada con su cuerpo o con el simple poder de su mente. El hombre no puede venir a Cristo porque su naturaleza está tan corrompida que no tiene ni la voluntad ni el poder para venir a Él, a menos que sea traído por el Espíritu Santo. El hombre cree que con su libre albedrío puede llegar a Dios, está equivocado, pues en el mejor de los casos únicamente podrá acercarse a una religión cristiana, pero jamás a Cristo. «Nadie viene a mí, si el Padre no lo envía y nadie va al Padre sino es por mi» dijo Cristo.

La rebeldía de la voluntad humana

"Oh," dice un necio, "los hombres pueden salvarse si ellos quieren." todos creemos en eso. Pero es precisamente en el si ellos quieren donde está el problema. Afirmamos que nadie quiere venir a Cristo a menos que sea traído. No, no lo afirmamos nosotros sino que Él mismo lo declara así: "Y no quieren venir a mí para que tengan vida." Y mientras ese "no quieren venir" permanezca en la Santa Escritura, Cristo nunca podrá ser convencido de creer en ninguna doctrina de la libertad de la voluntad hombre. Es sorprendente cómo la gente, al abordar el tema del libre albedrío, habla de cosas sobre las que no entiende absolutamente nada. "Bueno" dice alguien, "yo creo que los hombres pueden ser salvos si quisieran." ésa no es para nada la pregunta. La pregunta es: ¿tienen los hombres la inclinación natural a someterse a las condiciones del evangelio de Cristo? Declaramos, con base en la autoridad de la Biblia, que la voluntad humana está tan desesperadamente inclinada al mal, depravada y orientada a todo lo que es malo y opuesta a todo lo que es bueno, que sin la influencia poderosa, sobrenatural e irresistible del Espíritu Santo, ninguna voluntad de hombre podrá ser motivada a ir a Cristo.

La conciencia es representante de Dios en el alma

La conciencia también ha sido dominada completamente por la Caída. El mayor error que comenten los teólogos es cuando le dicen a la gente que la conciencia es representante de Dios en el alma y que es uno de esos poderes que retienen su antigua dignidad alzándose erguido entre sus compañeros caídos. El hombre cayó en el huerto del Edén, la humanidad entera cayó. No hubo ni un solo pilar del templo humano que permaneciera erguido. Es cierto, la conciencia no fue destruida. El pilar no se rompió. Cayó, y cayó en una sola pieza, y allí quedó como el más poderoso fragmento de lo que fue una vez la obra perfecta de Dios, en el hombre. Pero esa conciencia está caída. ¿Quién posee, de todos los hombres, "una buena conciencia delante de Dios," sino el hombre regenerado? ¿Piensan ustedes que si las conciencias de los hombres les hablaran siempre de manera fuerte y clara, vivirían cometiendo cada día actos tan opuestos a la justicia como las tinieblas se oponen a la luz? No, la conciencia me puede decir que soy un pecador, pero esa conciencia no me puede hacer sentir que soy un pecador. La conciencia me puede decir que tal y tal cosa es mala, pero qué tan mala es, esa misma conciencia no lo sabe. A esto nosotros de le damos un valor al pecado, unos blancos, light, inocentes, pequeñitos, etc. 



¿Acaso le ha dicho la conciencia alguna vez al hombre, sin la iluminación del Espíritu Santo, que sus pecados merecen la condenación? Si la conciencia alguna vez lo hizo, ¿guió a ese hombre a sentir el aborrecimiento del pecado como pecado? De hecho, ¿alguna vez una conciencia trajo al hombre a tal negación de sí mismo que llegó a sentir aborrecimiento de sí y de todas sus obras y la necesidad de venir a Cristo? No, la conciencia aunque no está muerta, está arruinada. Su poder está dañado, ya no tiene esa agudeza visual ni esa mano poderosa ni esa voz de trueno que tuvo antes de la Caída. Ha dejado de ejercer, hasta cierto punto, su supremacía en la ciudad del Alma del hombre. Entonces, debido a la depravación de la conciencia, se requiere que el Espíritu Santo intervenga para mostrarnos nuestra necesidad de un Salvador y traernos al Señor Jesucristo.

Cristo no arrastra a la gente tomándolos de los cabellos, los atrae tomándolos del corazón. En la atracción del Padre no hay ningún tipo de compulsión. Cristo nunca obligó a nadie a venir a Él en contra de su voluntad. Si un hombre no quiere ser salvado, Cristo no lo salva en contra de su voluntad. Entonces, ¿cómo le trae el Espíritu Santo? Pues, haciendo que quiera venir. Es cierto que utiliza la "persuasión moral." Él conoce un método más cercano para tocar el corazón. Va a la fuente secreta del corazón y Él sabrá cómo, por medio de alguna operación misteriosa, cambia la voluntad y la pone mirando en la dirección contraria de tal manera que el hombre es salvado "con pleno consentimiento en contra de su voluntad" es decir, en contra de su vieja voluntad es salvado,  como lo dijera en las paradójicas de Ralph Erskine.

1 comentario :

  1. !!!!GRACIAS SECO DE MI CORAZON POR TUS MENSAJES DE EDIFICACION!!!

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