Fue un día muy especial. Digo fue,
porque ya declinó. Lo medios se encargaron de bombardear emociones, con la
intención de motivar a las personas a sentir la necesidad de comprar o hacer
algo distintivo para ese ser maravilloso que Dios dotó de dones muy
particulares, no sólo para la concepción, sino que también para la crianza.
Pablo dice: «La mujer se salvará engendrando hijos». Esta
sentencia causa confusión, cuando sabemos que es el hombre quien engendra, pero
esto será un tema que deberá ser discutido a profundidad. Hoy quiero continuar
con el tema de la obsolescencia y las culturas contemporáneas ante la verdad
infalible de las Escrituras. Ya dejamos claro que las culturas son como las
vestiduras que usa una persona: sigue siendo la misma. Consideramos el mandato de Cristo a sus discípulos para que sirvieran a los demás, sin escatimar la reputación humana. La sentencia fue:«Si comprenden estas cosas, serán bienaventurados, si las
practican» Tratamos de poner en práctica todas las ordenanzas
que se encuentran en las Escrituras, y si queremos practicarlas de forma
literal y acartonada, sin comprender el contexto, solamente estaremos
practicando un rito, y si comparamos la cultura antigua con la contemporánea,
podríamos eliminar la ordenanza, al considerar que no se ajusta a la realidad
de hoy, y la declaramos obsoleta, y por consiguiente, un rechazo total.

Fui invitado a compartir la mesa con una
familia a quien estimo mucho. De pronto tuve la necesidad de dirigirme al
lavatrastos para contribuir en algo, porque el que no trabaja, bueno le sería
no comer. En mi condición es como si alguien tiene que hacerlo trepado en un
árbol. Al percatarse que lo estaba haciendo, inmediatamente llegó un miembro de
la familia a quien le habían delegado esa actividad, e insistió en que me
detuviera, pero le comenté que debía hacerlo. Al principio sentía molestia por
la incomodidad, pero a medida que avanzaba, empecé a sentir el agua abrazando
mis manos y esa espuma jugueteando con mis dedos. El olor a limpio me impulsaba
a seguir haciéndolo e imaginaba el alma mía en mis manos, entre abundante agua
y jabón para ser limpiada y capaz de emitir un olor a limpio. Me maravilla que
ese vital liquido provisto para mitigar mi sed e hidratar mi cuerpo, también sea
capaz de limpiar y refrescar. Ante todo esto, se me olvidó que estaba
realizando una actividad que alguien de una posición alta, difícilmente haría.
Fue una revelación, pues pude ver como dicha actividad era capaz de evidenciar
la negligencia y apatía de personas no aptas para desempeñar cualquier tarea
asignada. Análisis que podría ser la concepción de otro tema. Para muchos esta
actividad puede llegar a convertirse como el día en que el Mesías al lavar los
pies de sus discípulos, causó indignación en un hombre de servicio. Noten que
no todos sintieron lo que sintió Pedro.
«Salúdense unos a otros de nuestra parte con un beso santo»
les dice Pablo a los hermanos de corintios. El beso de la paz era una costumbre
preciosa de la Iglesia Primitiva. Puede que fuera una práctica judía, que los
cristianos adoptaron en las iglesias. Aparentemente se daba después de las
oraciones e inmediatamente antes del partimiento del pan. Era la señal y el
símbolo de que estaban a la mesa del amor, unidos en perfecto amor. Cirilo de
Jerusalén escribe acerca de esto: «No penséis que este beso es como los que se dan los amigos en el
mercado.» No era producto de la rutina
ni de la sensualidad. Es verdad que en tiempo posterior
no se daban besos entre hombres y mujeres sino sólo entre los hombres o entre
las mujeres. A veces se daba, no en los labios, sino en la mano. Llegó a
llamársele simplemente "la paz,» como ahora en muchas iglesias en las que
se practica el saludo fraternal como parte del culto. Hacía falta recordarles esta
buena costumbre a los corintios, porque su iglesia estaba rasgada por
rivalidades y disensiones.
¿Por qué desapareció de la vida de la
iglesia esa bella costumbre? En primer lugar, se fue desvaneciendo porque, con
ser tan encantadora, se prestaba al abuso y, todavía más, a la maliciosa
interpretación de los calumniadores paganos. En segundo lugar, cayó en desuso
porque la iglesia era cada vez menos una comunidad de hermanos. En las pequeñas
iglesias caseras en las que todos eran amigos estrechamente relacionados, era
la cosa más natural del mundo; pero, cuando el grupito hogareño pasó a ser una
reunión de muchas personas que no se conocían íntimamente, desapareció la
confianza, y con ella el beso de la paz. Puede que donde hay congregaciones
numerosas se pierda algo; porque, cuanto mayor y más desperdigada sea la
congregación, más difícil resulta la confianza que reina donde todos se conocen
y se quieren. Es verdad que la iglesia debe acoger a los forasteros y a los
desarraigados; pero una iglesia en la que todos son desconocidos o, a lo más,
meros conocidos, no es una iglesia en el sentido más profundo. La iglesia
primitiva lo tenía todo en común, por eso se hace mención de la comunión del
Espíritu Santo, porque es lo que Él puede hacer para bien de todos. En Babel
era otro espíritu el que les motivo a unirse, y al final todo terminó en
confusión, mientras que el ES nos lleva a toda verdad y no hay disolución.
Ya sea que se tenga por costumbre dar la
mano, un beso en la mejilla o 2, y en especial algunos franceses, dar 3. Aquí lo
importante es mantener la cercanía, la comunión del Espíritu. Manifestarle afecto al prójimo, sin fingimiento. Debemos examinar
nuestros corazones para identificar que nos mueve a practicar ciertas
costumbres litúrgicas. El proverbista
dice: «¿quieres besar a alguien? Dale una respuesta sincera y endulzaras sus
labios.» Mi madre cuando se entera de que alguien ha hecho algo
por mí, dice: «quien a mi hijo besa, mi
boca endulza». Judas con un beso entregó a Jesús. Aquel que mojaba
su pan en el mismo plato lo habría de traicionar. Si aplicamos este mandato
literalmente y acartonada podríamos causar problemas con las culturas
contemporáneas que no se sienten bien hacerlo. Si consideramos que no aplica
hoy, entonces lo desechamos y ya, pero Pablo insiste a los hermanos de
corintios que deberían de darse un beso santo, sin rencilla ni contienda. Pablo
pide que manifiesten amor al prójimo, ese es el mandato, el espíritu de la
palabra. Pedro dice a los hermanos que se den besos de amor. El salmista dice: «Besad al Hijo, para que no
se enoje, y perezcáis en el
camino, cuando se encendiere de aquí
a poco su furor. Bienaventurados todos los que en él confían.»
Excelente aplicacion con la realidad actual
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